La rima es una de las cosas que más sonoridad le da a las palabras, y desde la antigüedad se ha usado para cantar y recitar la poesía y escribir las canciones y obras teatrales, igual que ahora. La última versión o aplicación de la rima son el rap y el hip-hop, de estilo reivindicativo, en el que se recita deprisa y se canta alguna parte de letras que buscan la rima para tener un efecto más contundente y pegadizo.

Además, la rima ayuda mucho a recordar una letra de canción, un poema o un texto teatral -donde ha tenido también una gran tradición-. Obviamente, rimar no es simplemente juntar palabras que acaben igual, es decir, no se trata de pegar “ternura” con “verdura”, o unir palabras por su sonido aunque el sentido no exista.

Cómo rimar

La rima puede ser sencilla o más compleja, por eso existe la métrica, el estudio que aborda con más complejidad la manera de rimar y las distintas estructuras que ya existen y que no hay que inventar de rimar versos, de acuerdo a las formas fonéticas de cómo suenan las frases en un idioma como el castellano, formas que son diferentes en cada idioma, al tener en cuenta los diferentes sonidos de cada lengua.

Para que tengas unas nociones básicas pero suficientes sobre cómo rimar tus propias canciones, letras o poemas, te damos a continuación algunos datos importantes.

Cómo rimar

Categorías del verso

La palabra verso viene de la latina versus, que sencillamente significa renglón, y es cada línea independiente de un poema o de la letra de una canción, tras la que se produce una pausa y está sometido a algún tipo de medida o de norma, o como mínimo, a una cadencia o ritmo determinados, lo que es la esencia para que un verso suene “bien”. Las normas del verso no son un correaje ni tienen porque hacer que el verso parezca acartonado, sino que son fruto de la experiencia de las mejores formas de combinar las rimas y el ritmo a partir de los finales de las palabras, pero también del número de sílabas y del lugar donde se acentúan estas, lo que produce la musicalidad que se busca.

En cada idioma hay normas de medida a la hora de construir un verso para combinar la rima con la longitud, y en el castellano la norma básica dice que la medida es la palabra grave o llana, es decir, aquella que tiene el acento en la penúltima sílaba, como “lata”, “violeta” o “atrancado”. Esto va acompañado de otras normas complementarias muy sencillas: si un verso acaba en palabra aguda -aquella en la que el acento está en la última sílaba, como “clavó”, entonces al contar las sílabas del verso hay que añadirle una sílaba más y si es esdrújula la última palabra del verso, o sea, el acento está en la antepenúltima sílaba de esa palabra, se le resta una sílaba.

Un ejemplo del número de sílabas que hay que contar con versos que acaban en palabra aguda es este poema de Sor Juana Inés de la Cruz:

“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.”

Todos los versos tienen 7 sílabas naturales, pero a la hora de rimar todas tiene 8 sílabas. Tenlo en cuenta si quieres escribir rimas de calidad.

Luego hay varias normas que pueden alargar o acortar la cuenta de las sílabas, la más importante es la sinalefa, en la que si una palabra acaba en vocal y la siguiente comienza por otra vocal, se unen esas última y primera sílabas. Por ejemplo: “Donde estuve embarcado”, Don-dees-tu-veem bar-ca-do, 7 sílabas.

Rima consonante y asonante

Hay dos clases de rima, la consonante y la asonante. La consonante o imperfecta se da cuando la rima es exacta entre el final de un verso y otro, coincidiendo todos los sonidos del final de la palabra, a partir de la última vocal acentuada.

La rima asonante o imperfecta se produce cuando lo que coincide ya no son todos los sonidos -más que letras, pues, por ejemplo, c y z pueden sonar igual, como en “cita” y “zigzag”- sino sólo las vocales. Eso sí, también, a partir de la última vocal acentuada de la palabra final del verso.

Un ejemplo de rima consonante, de un famoso poema de Rubén Darío, “Sonatina”:

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y un vaso olvidada se desmaya una flor.

Y un ejemplo de rima asonante, de otro conocido poema, de César Vallejo, “Piedra negra sobre una piedra blanca”:

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París, y no me corro,
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

 Cómo rimar

Las estrofas

Los versos se denominan según el número de sílabas que tienen: pentasílabos, de cinco, endecasílabos, de once, aunque los de catorce versos se denominan alejandrinos. Después se puede formar párrafos con los versos, llamadas estrofas, y cada una tiene una estructura propia. Hay muchas, y unas se han cultivado más en unas épocas que en otras, combinando el número de las sílabas con el número de versos, e incluso se pueden construir teniendo en cuenta el lugar de los acentos.

Algunas de las más conocidas son el pareado o dístico, el terceto, la redondilla, la cuaderna vía -con alejandrinos-, la copla -de cuatro octosílabos asonantes-, la seguidilla, el quinteto, la octava real, la décima, y tal vez la más famosa, el soneto, de dos cuartetos más dos tercetos, con todos los versos endecasílabos.

Comienza con el pareado

La forma más simple de comenzar a rimar es escribiendo un pareado, dos versos que rimarán entre sí, y para hacerlo más sencillo todavía, prueba a hacerlo en rima asonante, es decir, dos versos cuyas palabras finales sólo rimarán en las vocales; recuerda, a partir de la última vocal acentuada. Como primer verso, tampoco pienses en las sílabas de cada verso, algo que podrás afinar más tarde. Piensa en un tema que te inspire y motive. Por ejemplo: “Sin inscripción alguna / allí estará mi tumba”, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Avanza a estrofas mayores

Conocer las distintas estrofas con rima medida te ayudará mucho a la hora de rimar, porque es como dibujar un boceto y perfilarlo encima a continuación, o también se puede asemejar a rellenar un crucigrama. Puedes dibujar una cuadrícula, por ejemplo, de un terceto. Sabes que son tres versos de arte mayor, es decir, de más de ocho sílabas, en los que riman de forma consonante el primero con el tercero, quedando libre el segundo. Por tanto, tienes tres líneas o versos que escribir, que pueden ser de once sílabas, y que tienen que rimar dos palabras al final del primer y último verso. Juega a buscar en primer lugar esas dos palabras rimadas. Por ejemplo, “estación” y “emoción”. Ahora tienes que buscarle a uno y otro versos palabras que contengan en total siete sílabas, ya que las palabras elegidas para rimar son agudas, por tanto, suman una sílaba más, y así obtendrás dos endecasílabos. Piensa en las imágenes que te evocan ambas palabras e intenta varias frases sobre lo que te sugieren. Haz todas las pruebas que necesites, concentrándote en lo que quieres expresar, usando las palabras finales como hilos para sacar el ovillo del poema. Aquí tienes un ejemplo:

“Cuando llegué a la remota estación,
me embargó sin remedio la emoción.”

Diccionarios de rimas

Entre otras herramientas que puedes usar para soltarte en el viejo arte de la rima, tienes los diccionarios de rimas, tanto en papel como en internet, donde encontrarás un gran surtido de palabras que riman unas con otras, con las que puedes empezar a escribir versos rimados. Puedes escribir versos de cualquier longitud que se coordinan en sus sonidos finales, pero ten en cuenta las estrofas conocidas antes citadas, que te servirán de planillas para construir rimas sólidas con una musicalidad y un ritmo más allá del simple ripio.

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